En Aréspolis las cosas eran bien distintas.
Capítulo cinco
La población vivía dedicada a trabajar por mantener el status qué con tanto afán había conseguido. Durante los años de aislamiento se comprometieron a que nadie pasase necesidades, y es que de la necesidad nació la solidaridad. Los vínculos familiares se estrecharon de tal forma que familias enteras vivían en la misma casa, los padres con sus hijos y cónyuges, y los hijos de éstos. Afortunadamente en Marte las casas podían ser tan grandes como a uno le apeteciese. El único límite era no meterse en casa del vecino.
¿Y cómo es eso? Fácil. Las casas estaban escavadas en la roca, por lo tanto podías hacer tantas estancias cómo te lo permitirán tus vecinos y tus fuerzas. Con el correr de los años unas viviendas se iban abandonando al tiempo qué otras se iban van construyendo. Con las primeras se habrían nuevas calles si no eran reclamadas por algún vecino. Normalmente los vecinos tomaban una o dos habitaciones de las inmediatamente anejas a su propia casa y el resto se constituía en Calle o plaza.
Para hacerte una idea de cómo era Aréspolis no basta tener un concepto bidimensional del plano. La ciudad tenía multitud de niveles, oscilando entre los 2 o tres de la parte más exterior a los 30 o 40 de la parte más céntrica de la ciudad. Era un trabajo de ingeniería tan perfecto que en contadísimas ocasiones se producían derrumbamientos. Tan es así que aún hoy no podemos explicarnos como muros de apenas una cuarta de grosor, como los que se pueden ver en el más bajo nivel, pueden aguantar 40 pisos por encima. Además también se ha de tener en cuenta los medios con los que en un principio contaban los marcianos para hacer sus túneles y cavidades.
Quizás pueda parecer que era un lugar claustrofóbico, oscuro y de techos bajos. Todo lo contrario. Sus calles, en su mayoría eran amplias y sus bóvedas se levantaban varios metros por encima de sus cabezas. Todas sus calles estaban perfectamente iluminadas con lámparas solares. Disponían de un complejo sistema de alcantarillado y luz, que se controlaba periódicamente para evitar posibles fallos de suministro a las zonas más alejadas del centro. La energía eléctrica, la única que se utilizaba, se obtenía de una planta de energía solar establecida a su llegada a Marte por los primeros colonos. Posteriormente fue ampliada y mejorada, de tal forma que los colectores de la ciudad podían suministrar energía durante más de dos años sin necesidad de recargas.
Durante los 25 años que duró la explotación ambas comunidades permanecieron cada uno a su lado del planeta, sin mantener más que ocasionales contactos de buena vecindad. Entretanto, la repoblación del planeta avanzaba a buen ritmo, calculándose que el 80 por ciento del planeta estaría repoblado para el año 2150.
Acabado el plazo de concesión, el mando exigió de los marcianos que cumplieran su parte del trato y contemplasen la posibilidad de una Federación con la Tierra. Amablemente los marcianos dieron largas al Mando, comprometiéndose a mantener contactos con la Tierra de forma permanente y amigable y volver cada 25 años a contemplar la posibilidad de la Federación.
Muchos de los mineros que vinieron de la tierra, bueno, más bien los que quedaron, pues en los últimos años Maldita Ciudad había ido apagándose al mismo ritmo que la mina iba dejando de ser productiva, se marcharon a la tierra. Los pocos que permanecieron, con el permiso de Aréspolis, formaron una comunidad con el propósito de explotar turísticamente Maldita Ciudad. También intentaron rellenar el inmenso y perfectamente circular agujero con la montaña de residuos que se espacia por donde antes había una llanura. Consultaron con los marcianos cuál podría ser la forma más fácil y menos ardua para rellenar el abismo, y tras algunas deliberaciones y unos cuantos intentos, se decidió que lo mejor y más fácil era dejar que la propia naturaleza hiciera su trabajo. Aunque hubo que echar una mano con obras de canalización, pronto el agujero se comenzó a llenar de agua, de forma que al correr de los años se convirtió en un hermoso lago. Por su parte los antiguos mineros terrestres plantaron bosques, poblaron el lago de peces y construyeron centros turísticos de alto nivel para ejecutivos terrestres. A todo esto se añadía el cierto sabor de ciudad salvaje que tenía maldita ciudad y qué innegablemente atraía a todo aquel con un poco de sentido de la aventura.
Así es como Marte fue poblado por humanos, de cómo lo amoldaron a su forma de ser, y de cómo transformaron un planeta yermo en un hermoso lugar para vivir.
O, de como el hombre jugó a ser Dios, y por una vez no le salió excesivamente mal.